Pierre Léon: “Caí en una trampa para hacer esta película”

El realizador Pierre Léon presentó la película “Danses Macabres, Skeletons, and Other Fantasies”, en el marco del 34º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, como parte de la Competencia Estados Alterados.  Jean Luis Scheffer me pidió que vaya a visitarlo. Me pareció un honor pero no sabia que estaba cayendo en una trampa”, comentó sobre la manera en la que surgió el film.


La película abre con un plano de sus tres directores sentados en un empedrado fumando y riéndose del balido de una cabra que pasa en brazos de su dueña. Es una escena distendida que resulta, cuando menos, interesante para empezar un documental en el que un escritor (Schefer) explica su hipótesis sobre el género artístico de la “danza macabra” como lo que marcó el fin de la Edad Media y el comienzo de la Europa moderna, pero el hecho es que la película está llena de momentos como este en medio de los monólogos siempre fascinantes de Schefer. Esa sensación de jolgorio, de camaradería, de que todos la están pasando muy bien, está presente todo el tiempo. Azevedo Gomes es la encargada de registrar las conversaciones entre Léon y Schefer, y los encuadres que utiliza, tanto de ellos como de obras pictóricas y también de la naturaleza, son siempre bellos y cargados de sentido.

“Jean Luis Scheffer me pidió que vaya a visitarlo. Me pareció un honor pero no sabia que estaba cayendo en una trampa. Y la trampa es que cuando él escribe un libro siempre necesita a alguien que lo escuche. Y en ese momento se encontraba escribiendo un libro sobre Danzas Macabras, que de hecho aún no terminó”. De esta manera, Léon comentó cómo surgió este encuentro que culminó con la realización de la película.
“El trabajo que hacía es extremadamente complejo. Y el quería usarme como conejillo de indias. Ver que cosas entendía y cuales no , si estaba de acuerdo o no”, agregó.

Y es así como se lo ve a Léon en la pantalla, escuchando atentamente los relatos de
Scheffer sobre su apasionante investigación. Para ello, se realizó una filmación en una casa en Lisboa, frente al mar, y exploraron además lugares en donde se habían descubierto pinturas rupestres.

Durante casi dos horas, el espectador se siente como cada uno de las personas que rodean a Scheffer, ya que se trata casi de un monólogo exclusivo del brillante historiador e investigador.