Pompeyo Audivert: “La identidad es una temática que nos pertenece como sociedad”

El miércoles 8 de enero a las 21.30 subirá a escena la obra “Trastorno”, sobre una versión libre de la obra “El Pasado” de Florencio Sánchez, protagonizada por Pompeyo Audivert junto a un gran elenco. Las funciones serán los miércoles y jueves de enero en la sala Roberto J. Payró del Teatro Auditorium. “Es una obra que tiende puentes con el espectador, no es para nada hermética, y se juega dentro de los lenguajes nacionales  del grotesco, del sainete, del circo criollo”, describe a ShowMardel, Pompeyo Audivert.

Con dirección de Pompeyo Audivert y Andrés Mangone, el elenco se completa con Juan Manuel Correa, Pablo Díaz, Jazmín Levitán, Fernando Khabie, Julieta Carrera y Fernando Naval.

“Trastorno” se estrenó originalmente en 1906 y Audivert la había hecho hace 20 años, junto a Carlos Belloso.  “Durante estos últimos años, la obra me vino a la cabeza por la temática que trata, de la identidad. Se da un acontecimiento circunstancial en una familia de la gran aristocracia y oligarquía argentina. Decidí adaptarla, y darle otro tratamiento. Ya no tanto lo trágico de la original, sino llevarla a un grado de desmesura y conectarla con ciertas condiciones más grotescas”, comenta.

“Es una obra que tiende puentes con el espectador, no es para nada hermética, y se juega dentro de los lenguajes nacionales  del grotesco, del sainete, del circo criollo. Trata una temática que nos pertenece como sociedad”, remarca.

En la cima de la pirámide, en ese teatro narcisista y autorreferencial donde la elite engendra y perfecciona sus larvas, se ha producido una fractura, un trastorno moral que amenaza devorarlo todo. La construcción ficcional del poder tambalea, la familia esconde un secreto siniestro que proyecta su sombra más allá de la casa. Se trata de la imposibilidad de sostener el ser por fuera de la coartada del nombre y de la clase, por fuera de la pertenencia a un sistema social y a un andamiaje ficcional de valores.

Como en una tragedia griega, el destino juega sus cartas más allá de la voluntad de los hombres y los vuelve muñecos de sus propios designios, revelándonos así, nuestra pertenencia a un sistema teatral inescrutable que nos mueve como piezas en su propio escenario, que, ingenuamente, consideramos el nuestro. La obra de Sánchez funciona como un caballo de Troya para el desembarco de una revelación devastadora que excede la escala familiar y alcanza lo histórico en todos sus niveles: estamos siendo infiltrados por una identidad sonámbula y parásita gestada por el poder para sus fines, a la sombra de nuestros propios prejuicios sociales.