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Roberto Moss fue un maestro de maestros. Uno de los artífices de la historia de la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático) a lo largo de su carrera como docente de cientos de alumnos que hoy lo reconocen como un referente fundamental de su tiempo.

Director teatral y dramaturgo tuvo un paso por la función pública en el municipio de General Pueyrredon en la secretaría de Educación y Cultura. También se le reconoce su exitoso paso como director del Teatro Municipal Colón de Mar del Plata en la década del 90, tiempo en el que transcurrieron grandes temporadas e incluso propuso acciones que fueron vanguardistas para la época.
De carácter efervescente, voz clara y precisa (como todo actor que sabe proyectar) Roberto era un asiduo de los cafés de la ciudad. Pero no los de autor o más actuales sino de los clásicos, aquellos en donde se hacía barra y podía expresar con el mozo pensamientos sin ataduras, con los entreveros filosóficos de aquel que además de ser leído fue vivido.
Trabajó en los 80 como docente primero en Capital Federal y luego en Mar del Plata -ciudad que tomó como punto de residencia hasta su final- y tuvo un paso por la vecina Villa Gesell, siempre aportando sus conocimientos y energía en pos de la divulgación de la cultura, sus orígenes, corrientes y el descubrir de nuevos talentos.
Su hija, Lola Moss, es también actriz, dramaturga y directora de teatro, siguiendo los pasos, como tantos otros, que su padre marcó pero no como un mandato, sino más bien, con la libertad de ser, plasticidad y movimiento que Roberto enseñaba.