Mauricio Dayub se presenta esta temporada en Mar del Plata con su unipersonal “El equilibrista”, de jueves a domingos a las 21 en el Teatro Bristol. Ganador del ACE de Oro, el actor se pone en la piel de personajes que tienen que ver con su vida, su familia, su historia.

 “Cuando llegué a ser adulto me di cuenta de que estaba en un problema”, comenta el actor para hablar de lo que dio origen a “El equilibrista”. Y la conclusión de esta reflexión fue que “no le gustaba la vida de los adultos”. “No me gusta la resignación, los cumplidos, los bancos ni los remedios. Me gusta la ilusión, la euforia, la expectativa, posibilidad”, aclara.

Fue así cuando empezó a explorar en sus orígenes, en su propia historia, y decidió focalizar en algunos familiares para personificar en el escenario, y además, viajar en el tiempo para retratarse en su juventud con un particular desengaño amoroso.

Con un poncho, un gorro, y tocando el acordeón, comienza hablando de su abuelo.  “Mi abuelo tocaba el acordeón junto a una caja que decía “Frágil”. Una caja similar a la que mi padre usaba para guardar las obras de arte, que remataba. Mi abuela soñaba con cajas que no abría. Un día le conté que yo también soñaba con una. Me aconsejó que no la abriera. Cuando me animé, la abrí, y entendí a mi papá. Luego abrí otra, y comprendí a mis tíos. Hasta que en la última, me encontré a mí. Mi abuelo había atravesado el mar con su acordeón, oculto en esa caja que decía “Frágil”. El mismo mar que tuve que atravesar yo, para saber de dónde venía. Ahora entiendo por qué”, describe Dayub, quien en “El equilibrista” abre todas esas cajas, y va causando en el público esa sensación de cuando se abre un regalo: sorpresa. Y también provoca cariño y emoción.  A la vez que el espectador se va metiendo en esas historias, también puede buscar o encontrar reflejos en las propias.

En la obra que Dayub escribió junto a Patricio Abadi y Mariano Saba, y dirige César Brie, tiene una puesta en escena sumamente original y dinámica, en la que el actor se moviliza y cambia de personajes en cuestión de segundos, utilizando más de 35 objetos fabricados especialmente y realizados de forma minuciosa, según muestran en un video que se proyecta durante el espectáculo.

“En la vida somos todos equiibristas”. Algo así decía el abuelo de Dayub, y es así como a veces nos arriesgamos a algo, sin saber si caeremos o no. En este caso, con una base que bien conocía, su propia vida, y con la ductilidad y versatilidad que ha demostrado a lo largo de su carrera, se jugó. Y bien que hace equilibrio, y se lleva en cada función, ovaciones y demostraciones de afecto de un público que se va pleno para seguir haciendo equilibrio en su propia vida.

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